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EDITORIAL

COVID-19 y reproducción asistida

Rocío Núñez Calonge. Doctora en Biología por la Universidad Complutense de Madrid. Co-Editora Científica y Editora Revista Iberoamericana de Fertilidad.
Rocío Núñez Calonge - 04/12/2020
 Dra. Rocío Núñez Calonge
Dra. Rocío Núñez Calonge

La pandemia de COVID-19 es una situación mundial sin precedentes que está cambiando drásticamente nuestra vida y perspectiva cotidiana. Todos los países han adoptado sus propias estrategias para disminuir y eliminar la propagación del virus. Todas las medidas están en línea con las recomendaciones proporcionadas por la Organización Mundial de la Salud. Las sociedades científicas, como la Sociedad Europea de Reproducción y Embriología Humana (ESHRE) y la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM), así como en nuestro país la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), han proporcionado recomendaciones y orientación para superar la curva de infección en pacientes que se someten a tratamientos de fertilidad.

En España, desde que el Gobierno decretó el estado de alarma, el pasado marzo, toda la actividad sanitaria no urgente se paralizó y, con ella, los tratamientos de reproducción asistida. Tras varias manifestaciones de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), el Ministerio de Sanidad publicó una resolución el pasado 24 de abril, que concluyó, literalmente, "supone que los centros y servicios de reproducción humana asistida está autorizados a abrir".

Y en este escenario, una vez que la curva de infecciones ha alcanzado su punto máximo, las clínicas de reproducción asistida abrieron sus puertas.  Con las máximas medidas de precaución, como como son el testar a los empleados para COVID-19, lavado de manos al entrar, uso de mascarillas, dispersión de pacientes en sala de espera aumentado los horarios, desinfecciones constantes, encuesta a las pacientes, y realizar un tratamiento solo con la seguridad de no estar infectado...etc, han comenzado a realizarse tratamientos de fertilidad. Como especialistas en reproducción asistida, debemos ser precavidos, seguir cuidadosamente la situación y contribuir compartiendo nuevas pruebas para aconsejar a nuestros pacientes, tanto mujeres embarazadas como futuras madres.

Ya que la infertilidad aumenta con el tiempo junto con una disminución constante en las tasas de nacimientos vivos, retomar los tratamientos de fertilidad ha sido prioritario para los profesionales. Pero, sobre todo, los especialistas han hecho hincapié en tres grupos de mujeres: las pacientes oncológicas que necesitan preservar su fertilidad, con la vitrificación de óvulos; las mujeres con baja respuesta ovárica o con algún tipo de patología como, por ejemplo, la endometriosis; y las mujeres de edad avanzada.

En el mes de junio, el Dr. Romansky, de la Clínica Cornell de Nueva York, publicó un estudio en la revista Human Reproduction en la que demostraban que un retraso en el tratamiento de FIV de hasta 180 días no afecta los resultados del embarazo en mujeres con reserva ovárica disminuida, lo cual puede ser tranquilizador para las mujeres que sienten ansiedad por no poder realizarse ahora un tratamiento.

Por ello, de estos tres grupos, lo más urgente es solucionar el problema de las pacientes con cáncer, que pueden salvaguardar su fertilidad en un futuro criopreservando sus óvulos. Pero la patología de estas pacientes no admite demora. Tiene que ser en el momento preciso, y antes de comenzar un tratamiento de quimio o radioterapia. Sería éticamente correcto permitir que estas mujeres mantengan una posibilidad, una esperanza futura durante esta pandemia.

Otro aspecto que preocupa respecto a la infección se refiere a la transmisión vertical: ¿hay transmisión de SARS-CoV2 de la madre al feto? Los estudios realizados en este sentido apuntaban a que no había afectación. Sin embargo, el 14 de julio se publicó el primer caso documentado de transmisión de la Covid-19 durante el embarazo en   Nature Communications (Transplacental transmission of SARS-CoV-2 infection) por el Dr. Vivanti y su equipo. En el trabajo demuestran la transmisión del virus a través de la placenta con manifestaciones clínicas en el neonato, consistentes en signos neurológicos y síntomas de COVID-19.

Todos estos datos, lo único que dejan claro es que el conocimiento sobre el efecto del virus en las células reproductivas, el embarazo y los recién nacidos sigue siendo limitado, por lo cual, distintas sociedades científicas en todo el mundo están recopilando datos sobre el embarazo y parto durante la pandemia. La ESHRE ha puesto en marcha una encuesta entre sus miembros para reunir datos y controlar el embarazo en mujeres con COVID-19 positivo, y así mismo la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), también está realizando una encuesta de este tipo entre sus miembros.

Sin embargo, como he comentado anteriormente, el conocimiento sobre los efectos del virus aumenta día a día, y en sucesivos estudios científicos, se va esclareciendo. No se trata de ser tremendistas ni aumentar el desconcierto que, ya de por sí, tienen los pacientes. Se trata simplemente de hacer una llamada a la prudencia, a la responsabilidad con nuestra profesión y con nuestros pacientes.

Debemos de seguir trabajando, pero aumentando nuestro conocimiento para poder actuar en consecuencia. 

Rocío Núñez Calonge

Doctora en Biología por la Universidad Complutense de Madrid.Co-Editora Científica y Editora Revista Iberoamericana de Fertilidad

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Revista Iberoamericana de Fertilidad y Reproducción Humana
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